Un gran número de organizaciones
ciudadanas, englobadas en torno a la
“Plataforma M-50 No” (San Sebastián de los Reyes y Alcobendas),
la Coordinadora Salvemos la Sierra,
el Foro por la Movilidad Sostenible de la Comunidad de Madrid,
Izquierda Unida de Las Rozas, Izquierda Independiente Iniciativa por
San Sebastián de los Reyes y Ecologistas en Acción, han presentado
sus argumentos contra el cierre Norte de la M-50 (M-61 para la Comunidad
de Madrid). Se trata de un proyecto que en la actualidad se encuentra
en período de información pública.
A juicio de las organizaciones
mencionadas, este proyecto ilegal, no resolverá sino que agravará
los problemas de tráfico, supondrá un tremendo despilfarro de fondos
públicos y tendrá un fortísimo impacto ambiental. Por estos motivos,
anuncian que si la Comunidad de Madrid no lo abandona
recibirá una contundente oposición social.
Un proyecto ilegal.
La legislación de carreteras de la Comunidad de Madrid obliga a que
cualquier intervención en las mismas se enmarque dentro de un Plan
de Carreteras. Sin embargo, según la normativa estatal y europea, cualquier
plan de estas características debe someterse a evaluación ambiental
estratégica, es decir, se deben analizar de forma previa, las repercusiones
ambientales de todas las actuaciones en su conjunto. Este es el motivo
por el que después de presentar su Plan de Carreteras 2007-2011, tras
las denuncias ecologistas empezara a hablar de un “listado de obras”.
Pero cambiar el nombre de las cosas no modifica su naturaleza por lo
que cualquier intervención que se realice sin la previa evaluación
ambiental estratégica resulta claramente ilegal.
Despilfarro de fondos.
Se trata también de una obra tremendamente despilfarradora de recursos,
que tendrían mucha más rentabilidad social ni esos fondos fueran destinados
a otros ámbitos (mejora de la sanidad, educación, etc.) Efectivamente,
el Gobierno regional cifraba en 2.300 millones de euros su coste (ya
se habla de 2.900), y aunque pretende hacernos creer que serán financiados
por las empresas concesionarias, lo cierto es que, como no puede ser
de otro modo, el coste recaerá sobre los contribuyentes vía peajes
en la sombra y otros mecanismos de concesión.
No mejorará los problemas
de tráfico. El hecho de que la zona metropolitana madrileña sea
simultáneamente la que más autovías tiene de toda Europa –en relación
a su población y sólo por detrás de Singapur para el resto el mundo–
y la que más atascos registra, deja muy claro la dinámica actual:
cualquier ampliación del viario tiene un “efecto llamada” de vehículos
que en cuestión de meses anula sus pretendidas ventajas. De esta manera,
la creación de nuevas infraestructuras genera más tráfico y traslada
los puntos críticos –con congestión incrementada– de unos lugares
a otros. Además, habitualmente las nuevas infraestructuras, como este
cierre de la M-50, facilitan la circulación entre los atascos de origen
y destino, a través de un trazado que suele ser más largo que el anterior.
La combinación de estos factores –más tráfico, más congestión
y mayor dispersión– genera, por ejemplo, aumentos del consumo de
combustible o del tiempo de recorrido que anulan los supuestos beneficios.
Un gran impacto ambiental.
La peor estrategia posible contra el principal problema ambiental al
que nos enfrentamos a nivel global -el cambio climático- es seguir
construyendo autovías. Pero, además, la Comunidad de Madrid tiene
un tremendo problema de contaminación del aire y de contaminación
acústica que también se verá incrementado por esta autovía si se
lleva a cabo. Además, están los daños a espacios protegidos tan relevantes
como el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, que se verá
cercenado en dos lugares por esta autovía.
Una contundente oposición
social. Por ello son muchos los colectivos y organizaciones que
se están movilizando contra ella, a fin de demostrar lo claramente
perjudicial e insostenible tanto a nivel económico como social y ecológico
de este proyecto. La “Plataforma M50 No” de Alcobendas y San Sebastián
de los Reyes denuncia que es un proyecto salvaje, que arrojará cientos
de kilos de contaminación al entorno natural de Dehesa Boyal de San
Sebastián de los Reyes. Además afectará acústicamente a las viviendas
cercanas de las dos localidades, destruirá dotaciones de gran valor
básicas para estas ciudades y sobre todo –chocando de lleno con el
supuesto objetivo del proyecto- arrojará mucho más tráfico y atascos
para estas zonas. Esta Plataforma está recogiendo alegaciones entre
sus ciudadanos contra el proyecto, habiendo recogido en apenas 20 días
unas 2000.